La Reina Sofía, ejemplo de constancia y preocupación por los necesitados.

Hace unos días conocimos la nominación de la Reina Sofía como candidata al premio Nobel de la Paz.

No hay información sobre el proceso, que según parece se realiza en secreto, pero lo que si reveló Jesús Ávila, director científico de la Fundación CIEN, es que había sido propuesta por una Universidad del Sur de EEUU.

El Sr. Ávila dijo las siguientes palabras en relación a la procedencia de la nominación, “a veces se conoce más fuera que dentro lo que se hace”.

Yo más bien creo que no nos fijamos en lo nuestro y no le damos la importancia que realmente tiene, incluso llegamos a rechazarlo. Muchos españoles no son capaces de separar la preocupación de la Reina Sofía a nivel personal por ayudar, con el papel institucional de Reina. En España se mezcla todo, lo que impide ver las cosas como son realmente y estar orgullosos de una reina tan completa y tan humana, de que esa persona haya sido nuestra reina.

Su amor a la infancia hizo que se decantase por estudiar Puericultura, trabajando dos años como enfermera en un orfanato. Completó su educación con Música y Arqueología, además de ser buena deportista y hablar varios idiomas. Por otro lado es Académica de Honor de la Real Academia de Artes de San Fernando y de la Real Academia de Historia, así como Doctor Honoris causa por las Universidades de Rosario (Bogotá), Valladolid, Cambridge, Owford, Georgetown, Esora y Nueva York.

Ha recibido muchos reconocimientos por su labor social, como el Premio Steiger 2014, A Team for the world y la Espiga de Oro, entre muchos otros. Además es buena madre, así como esposa y abuela ejemplar, por que lo que somos, lo somos en todos los campos de nuestra vida.

Matin Luther King, La madre Teresa o Nelson Mandela fueron personas que recibieron este premio, al que está también nominado el Papa Francisco. Sin embargo, a mi juicio perdió credibilidad cuando fue otorgado a Barac Obama, fue precipitado y en ese momento no tenía ninguna trayectoria que abalase el recibir tal reconocimiento, como posteriormente se ha podido comprobar.

Después de este fiasco nos podríamos cuestionar el valor del Nobel de la Paz, y aunque la Reina no llegase a recibirlo, no cabe duda de que ha dedicado muchos años de su vida a colaborar con los más necesitados, y lo sigue haciendo. Es la Presidenta de La Fundación Reina Sofía (www.fundacionreinasofia.es), que creó en 1977 con un pequeño capital aportado por ella misma, y desde donde se llevan a cabo varios Proyectos: desde ayudas y apoyo a personas con discapacidades, sobretodo neurológicas y especialmente de Alzheimer; como aportando su granito de arena en educación y ayudando a los más desfavorecidos dentro y fuera de España con los Proyectos de Cooperación internacional, entre los que destacan la preocupación por la infancia y la mujer, sobre todo de las más jóvenes y de aquellas que son cabezas de familia, así como del desarrollo de la mujer rural y la expansión empresarial a través de microcréditos.

De cualquier forma, realmente su Nobel sería el Nobel a la Solidaridad, y a la discreción. Y aunque oficialmente no llegase a producirse este reconocimiento, se lo merece y creo que ya lo tiene. El beso de un niño, vale más que cualquier título.

Fotos: Hola

Redacción Woman Essentia